Reflexiones del oficio

Entregar argumentos en lugar de lanzar dardos

Mesa Diálogos de Paz en Oslo. Foto: COLPRENSA.

Mesa Diálogos de Paz en Oslo. Foto: COLPRENSA.

Por: Natalia Maya y Leonardo Gaitán Zuluaga

Informar sobre y en medio de la guerra es una constante del oficio periodístico en Colombia. Las confrontaciones armadas, los secuestros, las desapariciones, las masacres, los rescates y otras implicaciones de la guerra con las que los colombianos parecen estar familiarizados, ocupan un lugar privilegiado en la agenda informativa del país. Pero como la otra cara de la ‘moneda de la guerra’ es indudablemente la paz, los periodistas también deben estar preparados para informar sobre esta última con responsabilidad y sin que parezca que están entregando otro parte más de guerra. Lo anterior porque los medios de comunicación son para muchos colombianos su única fuente de información y es por esta razón y por el papel que juegan en la construcción de realidades, que la percepción sobre el conflicto armado y los temas de la paz depende en gran medida de ellos, de lo que aparezca en las pantallas, de lo que afirmen los locutores de radio y de los titulares de los grandes periódicos del país. El anuncio del presidente Juan Manuel Santos sobre el comienzo de una mesa de negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el mes de octubre de 2012, obligó a muchos periodistas y académicos a repasar los anteriores intentos de paz con los grupos insurgentes del país, la sombra del fracaso del Cagúan fue inevitable y se convirtió en el referente obligado; una de las reflexiones más importantes tenía que ver con el papel cumplido por los medios de comunicación:  “¿Cuáles son los obstáculos para la paz en Colombia? Cuando los negociadores del gobierno y de la guerrilla se plantearon esa pregunta, concluyeron, entre otros puntos, que los medios de comunicación de este país habían satanizado la misma palabra “paz”” . Así comienza el artículo titulado “La prensa colombiana “redescubre” la paz”, publicado por la periodista Constanza Vieira en el portal Periodismohumano. Y al parecer sí son los procesos de paz el referente obligado para las reflexiones sobre la responsabilidad periodística en el cubrimiento del conflicto armado y los temas de la paz. Antes del Caguán la reflexión se dirigió hacia el proceso de paz entre el gobierno del presidente Belisario Betancur y las guerrillas de la época –el M-19, el EPL y las Farc-; según Jorge Iván Bonilla Vélez, magíster en Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana, “son diversas las explicaciones que parten del reconocimiento de que allí los medios de comunicación jugaron un papel negativo por múltiples motivos: la falta de preparación y madurez política del periodismo nacional para pluralizar las agendas de la paz, más allá de las concepciones de noticia provenientes de las elites y los partidos políticos; la subordinación de los periodistas al “síndrome de la chiva”; y la reproducción de lo que Gabriel García Márquez denominó una “guerra de la información”, basada en la proliferación de boletines falsos, rumores y versiones sin origen, y en la que los periodistas fueron objeto de manipulaciones por las partes involucradas en el conflicto”.[1] Teniendo en cuenta estos antecedentes y el actual proceso de paz emprendido entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, es pertinente evaluar cómo ha sido hasta ahora el papel cumplido por los medios de comunicación más influyentes del país a la hora de informar sobre dicho proceso. En este caso el análisis corresponde al periódico El Tiempo y a las 10 editoriales dedicadas exclusivamente a los diálogos de paz en el periodo comprendido entre agosto 25 de 2012 –día de la primera editorial-, y enero 12 de 2013 –fecha de la última-. Es importante señalar que la editorial “Hablando de la paz…” publicada el 25 de agosto, se anticipa al anuncio del presidente Santos sobre los acercamientos con las Farc. El Tiempo parte de reconocer que lo que se sabe hasta entonces son solo rumores, pero aprovecha las líneas siguientes para asegurar que “la negociación es un escenario ineludible en el camino a la paz” y que “es menester apoyar las gestiones que tengan el propósito de silenciar los fusiles.” Este anticipo del periódico podría calificarse –teniendo en cuenta los antecedentes mencionados- como una “subordinación al síndrome de la chiva” o como la participación en una “guerra de la información” basada en rumores. Pero la editorial en sí no entrega especulaciones que desinforman sino que deja clara cuál es la posición del periódico en el caso de presentarse un eventual proceso de paz. Parten del ejemplo de los procesos con final exitoso para justificar y elogiar el sigilo de los primeros pasos, asunto recurrente en las demás editoriales, interpretan como puntos que van en la dirección del diálogo la aprobación de la Ley de Víctimas y el Marco Jurídico para la paz, así como el comunicado donde las Farc anuncian su voluntad de abandonar el secuestro y “regularizar el conflicto”, son enfáticos en que “un nuevo Caguán no se puede, no se debe repetir”, aseguran que el proceso debe darse sin que cesen las hostilidades o, incluso, se intensifiquen y, finalmente, esgrimen que no se trata de negociar el orden establecido. De esta primera editorial –que parte del rumor- puede inferirse que hay un apoyo irrestricto al eventual proceso de paz y que está muy claro que de llegarse a un acuerdo final para la terminación del conflicto, este sería solo un paso en la construcción de la paz. En las demás editoriales, después del anuncio oficial del presidente Santos y del máximo líder de las Farc, Rodrigo Londoño, Timochenko, se reiteran las anteriores posiciones del periódico sin introducir variaciones, aunque las características del proceso le fueron agregando condimentos al tratamiento del tema de la paz. Ambos discursos, el del presidente y el de Timochenko fueron valorados positivamente por el periódico, otorgándoles “un aire de sensatez y realismo que hay que destacar”. Al pronunciamiento del jefe guerrillero le valoraron sus posturas menos beligerantes y ambiciosas, lo que interpretaron como un buen paso “que se refleja en lo concreto de los puntos que se van a tratar en la mesa, consignados en el Acuerdo Marco y que apuntan más a reformas que a revoluciones.” Pero esta tolerancia al discurso guerrillero, constantemente calificado en la opinión pública de “mamerto y anquilosado”, tuvo un giro radical después de que el integrante de las Farc, Andrés París, declarara que había una campaña de desprestigio y desinformación contra el proceso por parte de columnistas y medios de comunicación y que se encontraban identificando quiénes eran los responsables para denunciarlo. Frente a estas aseveraciones de París, El Tiempo lanzó sus dardos e interpretó las palabras del guerrillero como una salida en falso en medio del proceso y una muestra indudable de que la “organización no ha abandonado su deplorable costumbre de responder a cuestionamientos con intimidaciones antes que con argumentos.” Finalmente, ante la “amenaza” de París, como calificó el periódico sus palabras, hubo un recordatorio para los guerrilleros de que fue esa misma soberbia “la que les granjeó el desprecio de buena parte de la población en procesos anteriores.” Otro acontecimiento que interrumpió la mesura que había mantenido el periódico en medio del proceso, fueron las palabras del integrante del secretariado de las Farc, ‘Iván Márquez’ en la instalación de la mesa de diálogo en Oslo, Noruega.  La intervención del líder de la delegación del gobierno, Humberto de la Calle, se calificó como “concisa” y un polo a tierra a las expectativas que rodean el proceso, mientras que las palabras de Márquez se llevaron el 90% de la editorial en la que resaltaron “el ingrediente de pugnacidad de su intervención -que, irónicamente, les da argumentos a los enemigos de la paz-“. La postura y actitud de Márquez fue rechazada enfáticamente, aunque el periódico quiso justificar la salida de las Farc como la oportunidad para hacer una nueva declaración de principios después de llevar 10 años ausentes de los reflectores y de ser considerados una organización terrorista en Estados Unidos y la Unión Europea. Pero ante dichos “enviones retóricos” El Tiempo reiteró que lo importante es que no se mine la confianza construida hasta entonces y que la Hoja de Ruta se siga al pie de la letra, para que lo primero sea el fin del conflicto y más tarde las Farc puedan plantear –“como lo permite la democracia”- reformas al modelo económico y militar llevando las propuestas a las urnas: “El camino está trazado y hay que seguirlo. Para que la guerrilla no aproveche esta ventana y concentre sus esfuerzos en buscar oxígeno político, el Gobierno tiene la obligación de ser intransigente en el compromiso de no desprenderse de la hoja de ruta.” Frente a otros detalles del proceso como la anunciada tregua de Navidad unilateral por parte de las Farc, el periódico tacha la propuesta como una señal positiva y al tiempo asegura que hace bien el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, al no conceder reciprocidad a tal iniciativa.  A medida que avanza la segunda etapa de negociación, el periódico ve con muy buenos ojos los mecanismos de participación de la sociedad civil frente al proceso, pero le preocupa el tiempo que se están tomando las conversaciones y pide agilidad para lograr los primeros acuerdos: “que se produzca el salto de lo retórico a lo pragmático, que se traspase el barniz de los prejuicios para llegar al núcleo de los problemas.” El seguimiento de cuatros meses a la posición editorial del periódico El Tiempo frente al proceso de paz actual deja ver que algunos medios de comunicación colombianos están siendo más cuidadosos al informar y opinar sobre la paz. En ningún momento el periódico satanizó la palabra paz, todo lo contrario, abanderó la propuesta de la paz como su posición frente a los diálogos a pesar de ser muy críticos ante lo que calificaron como “salidas en falso” de Andrés París y de ‘Iván Márquez’. El tratamiento del tema de la paz se ha hecho con cautela, sin pedir más de lo que plantea la Hoja de Ruta y entendiendo que la discresión es fundamental para garantizar el éxito del proceso. El Tiempo se dedicó en sus editoriales a entregar argumentos para respaldar la salida negociada al conflicto en lugar de lanzar dardos emocionales contra el proceso.


[1] Paz-ta. Cuadernillo Académico N.1 Seminario-Taller “La comunicación como estrategia de paz”. Edición: Asesoría de Paz y Convivencia, Municipio de Medellín. Julio de 1996.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s