Cine

Scarface, base del cine negro

Scarface

La película Scarface, el terror del hampa (Howard Hawks, 1932) como el referente claro de lo que sería el cine negro como género en los años treintas y cuarentas, muestra desde su comienzo, incluso de forma contradictoria por lo apológica que puede llegar a ser la película, avisos donde se le exige al gobierno atención sobre los hechos que sucedieron en la vida real y que van a ser representados, determinando de esa forma un carácter político y de denuncia a las masacres de Al Capone en la Chicago de los años veinte o tal vez como una justificación al derramamiento de sangre que se muestra en el transcurso de la película. Cabe anotar que ambos, Al Capone y Tony Camonte, tenían cicatrices en el rostro y que Capone jamás pagó por sus crímenes, siendo solo condenado por evasión de impuestos. ¿Una crítica con nombre propio?

Pero más allá de las escenas de muerte, la película cuenta con nociones de creatividad y recursividad, evidenciadas en un inicial plano secuencia del asesinato de Loui por parte de Camonte, que desde aquel momento se mostraba como un personaje sin escrúpulos e incluso con aires burlones y ceremoniosos, por su perdido reconocimiento de la autoridad y sus armónicos silbidos en la previa a sus asesinatos. Pues justamente se logra un trabajo elaborado en el manejo del audio, que siendo un agregado muy nuevo para la historia del cine comercial (se utilizó comercialmente desde 1927) estaba menospreciándose, dejándole como un simple elemento adicional en la mayoría de las películas de la época y no como una herramienta narrativa aprovechable.

De esta forma es posible sentir con increíble fidelidad aunque muy condicionado a las posibilidades de la época, los sonidos de las metralletas, el insistente sonido del teléfono y el motor de los autos en las persecuciones, además del dramatismo de los actores que sin dejar atrás los inicios del cine estrictamente expresivo, agrega a través del audio, otras representaciones que solo pueden ser comprendidos de esta forma: el silbido de Camonte, los ambientes alegres y llenos de música y el juego con las sombras donde el sonido completa la idea de lo que están representando, no sería capaz de atar fácilmente o al menos con la misma emoción, una escena como el primer asesinato, si en lugar del audio del disparo y el arrojo posterior del arma homicida, aparecieran subtítulos indicando lo mostrado, acá posiblemente los grandes logros obtenidos en la representación actoral en años anteriores, se encuentren fuera de base.

Según lo poco que vi de la película El hampa dorada y que fue estrenada un año antes que Scarface, es notable como el manejo de las luz es menos direccionado a los sucesos mostrados, es por eso que se nota la recurrencia de mucha luz o de entornos en los que regularmente se interpreta el día, mientras que Scarface tiende a mostrar la mayoría de sus representaciones en entornos oscuros y pocos iluminados, haciendo que de alguna forma el dramatismo sea aún mayor pues el espectador no estará desviando su atención en las escenografías que acompañan al suceso.

Como elementos negativos podría considerar los conflictos cuerpo a cuerpo que se muestran, que tienden a estar bastante cercanos a la ingenuidad de un género violento que sería pulido más tarde o si puede decirse exagerado. Es por ello que no logra notarse el realismo en los puños en la primera parte de la película, donde más bien parece que se diera una tierna cachetada cuando llegan al bar que pasaría a ser el de Lovo.

También con más puntos a favor que en contra, está la interpretación del personaje del secretario de Camonte, que aunque le dé un toque picaresco a la película y de humor entre tantos asesinatos, no permite que la película tenga el tono estrictamente malvado que considero debería tener en consecuencia al manejo de luces y su tono misterioso y oscuro, aunque básicamente puede ser sólo una visión subjetiva de la intención del director.

Es curioso notar como en toda la película se muestra a un Camonte sin remordimiento y por el contrario despiadado ante la otredad, pero como se reduce a un ser sentimental y arrepentido cuando asesinó al esposo de su hermana sumamente sobreprotegida. Siendo Scarface no solo una evidencia de la violencia ocasionada por las mafias de comienzos del siglo veinte, sino además una puesta en escena del desacato de la autoridad en muchas facetas: el desacato hacia la madre por parte de Camonte y Cesca, el desacato de la mafia hacia las autoridades de California, el desacato de Cesca hacia su hermano y el resaltable desacato de Camonte hacia los que fueron sus superiores.

Por fortuna el final de Camonte es mostrado de la mejor forma posible, pues a pesar de su tristeza al ver morir a su hermana y de su creciente halo de sentimentalismo, él terminaría cerrando el telón con el acto seudoheróico que mejor describe su personaje: salir a la calle sin miedo para morir acribillado por decenas de policías, demostrando sin ser pretenciosos, que murió en su ley. Distinta a la curiosa muerte por sífilis de Al Capone años después.

 

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